lunes, 8 de mayo de 2017

OPINION: República Dominicana, un Estado al revés

República Dominicana, un Estado al revés“La unión del pueblo, la cohesión social es indispensable, como solución para cambiar radicalmente el sistema político podrido que nos corrompe y succiona”
Vivimos en “Un Estado al revés”
El Estado dominicano se fundamenta en los partidos y apandillados corruptos que tradicionalmente nos dirigen y mal administran la cosa pública, imponiendo su único objetivo de llenar sus bolsillos, sin tomar en cuenta la materia prima o esencia de la política, que es pueblo, el bienestar de la sociedad, negando los derechos. Es una traición de los políticos y aliados que dirigen nuestro sistema dañado, convirtiéndonos en “un Estado al revés”.

“Un Estado al revés” porque desde antes de su nacimiento en 1844 se ha excluido a las grandes mayorías, y, salvo algunas excepciones de gobiernos efímeros, se ha enfocado en beneficiar única y exclusivamente a los grupos de poder, que siempre han dirigido y disponen de los recursos; hasta hoy continúan, han convertido y mantienen el Estado dominicano en una empresa privada para fines de lucro particular, además, depredando, dañando el medio ambiente y poniendo en riesgo nuestra subsistencia.
“Un Estado al revés” porque el enfoque estratégico de las políticas públicas no está dirigida a satisfacer las demandas y necesidades básicas de sus habitantes;  penosamente no hay ni siquiera una de esas necesidades básicas satisfecha que podamos señalar, como resultado del pago de los impuestos.
“Un Estado al revés” porque los bienes públicos: recursos naturales, materiales y los más de 700 mil millones del presupuesto de cada año, deben invertirse para la garantía de los derechos y necesidades básicas de todos, (salud, educación, justicia, seguridad, electricidad, empleo, oportunidad para desarrollar talentos, tecnologías e internet gratuito; transporte público, calidad de vida, medio ambiente sano, agua potable, alimentación, productividad, vivienda y estado de derecho democrático con ética, moral, civismo, patriotismo, etc.) desarrollados con eficiencia y calidad, ya que solo se le proporciona a quienes menos lo necesitan, los más ricos y poderosos; excluyendo y perjudicando a la clase trabajadora y los sectores vulnerables.
“Un Estado al revés” porque las instituciones y los incumbentes del Estado niegan la institucionalidad; los congresistas, el primer poder del Estado, no representan a sus electores, no defienden ni respetan el estado de derecho, por el contrario, sancionan las leyes siendo los primeros en violarla, convirtiéndose en la principal amenaza al orden social, y además, son serviles o títeres del presidente o de intereses particulares.
“Un Estado al revés” porque el gobierno y demás autoridades defienden el mal, protagonizan la corrupción y la impunidad; promueven la anomia al violentar la Constitución y las leyes, convirtiéndose con ello, en la mayor amenaza a la ética y la moral que impiden el desarrollo sano, la institucionalidad como fundamento del estado de derecho.
“Un Estado al revés” porque los funcionarios y servidores públicos a los que se les paga, estando obligados a cumplir la ley, dando el ejemplo como autoridades  y servidores públicos, en vez de servir a quienes deberían, se sirven de ellos y los explotan como esclavos con sueldos de miseria.
“Un Estado al revés” porque los fondos de pensiones de la seguridad social, más de 300 mil millones de pesos, solo benefician a los bancos, sus Ars y los socios del gobierno que administran esos fondos, en perjuicio de los que cotizan sus ahorros y a quienes les corresponde realmente recibir los beneficios.
“Un Estado al revés” porque el llamado cuarto poder, la prensa y sus medios en su mayoría, se venden como sicarios para manipular la realidad; junto a las iglesias, los empresarios, organizaciones privadas y los sindicatos que forman los poderes fácticos, son la cola de los poderes formales.
“Un Estado al revés” porque los funcionarios honestos son excluidos, maltratados, ignorados y perseguidos; mientras los corruptos y aliados al crimen son premiados, ascendidos y protegidos. Igualmente pasa en el sector privado los honestos, los talentosos y los chiquitos; no tienen oportunidad y son explotados.
“Un Estado al revés” porque las iglesias han negado el legado de la revolución cristiana, sumándose a los grupos de poder para la manipulación e hipnotismo del pueblo.
“Un Estado al revés” porque los gobiernos son inmediatistas, improvisan y han demostrado a través de la historia la falta de prospectiva con planificación y gerencia para desarrollar sano integralmente el Estado dominicano.
“Un Estado al revés” porque sólo la productividad de una nación puede generar equidad entre su pueblo y un desarrollo social sostenible, sin embargo es en lo que menos se invierte o se apoya, promoviendo y apostando a las importaciones.
“Un Estado al revés” porque se promueve el clientelismo, las dádivas y se negocia con la pobreza y el voto; en vez de promover los empleos de calidad y el desarrollo de capacidades creativas en las ciencias y las tecnologías.
“Un Estado al revés” porque la mayoría de los artistas y personas destacadas están deteriorando los valores familiares y morales haciendo vergonzosos aportes con su arte de calle y la mayoría de las principales mentes están empeñadas al sistema corrupto.
“Un Estado al revés” porque se populariza “la cola” como un orgullo: “Cola” es el rastro de los hechos oscuros, corruptos, criminales, anti éticos e inmorales de las personas que le sigue hasta la eternidad y que muy sabiamente con las más avanzadas estrategias tratan de borrar, de cubrir u ocultar ante la sociedad, reivindicando la impunidad,  doble moral y la falta de valores, es donde pertenecen la mayoría de los que siguen el clientelismo y las botellas o puestos con pagos sin trabajar.
“Un Estado al revés” porque pagamos las autoridades más cara con nuestro impuestos, como contribuyentes y recibimos los peores resultados. No es posible, que de los servicios básicos que son derechos constitucionales no tengamos ni tan solo uno con calidad y satisfacción.
“Un Estado al revés” porque la mayoría de los empleados públicos y del sector privado al parecer piensan que cuando trabajas para alguien deben ser serviles, sin criterio propio y muy limitada capacidad de análisis. A ellos les digo:
No tienes por qué inscribirte en una obediencia ciega o esclavista sin derecho a libertad de pensamiento y opinión.

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